Los seres humanos nos protejemos con máscaras de soberbia que impiden que mostremos nuestro verdadero ser
CDMX, 25/7/2017. Unos días después de su cumpleaños, los Maestros nos pidieron que fuéramos a Ixtapaluca para hacer una concentración especial "con rosas violetas". De inmediato detecté que esa concentración —con dichas flores— podría resultar muy fuerte, pero a nuestro líder cualquier reto energético se le hace emocionante, sin importar las consecuencias que esto pueda traer (como le he dicho en varias ocasiones: él es un jambado espiritual, un guerrero salvaje "sin remedio" —y siempre reímos de esto). Así que nos dirigimos al lugar sagrado sin medir consecuencias.
Entre los elementos que queríamos usar en esta meditación, estaba un licor de hierbas el cual habíamos escuchado que era producido por unos monjes franceses utilizando una selección de vegetales muy particular —la bebida mencionada era el Chartreuse, el cual compramos y tomamos al centro de una de las pirámides pequeñas, colocando las rosas a nuestro alrededor. Sin embargo, en lo que platiábamos, nuestro líder se tomó la mitad de la botella —le gustó mucho lo dulce de la misma— y, después de meditar unos instantes, vomitó a un lado del montículo, sintiéndose pésimo, y se quedó dormido.
Después de que nuestro líder despertó, los Maestros Ascendidos dijeron que las frecuencias que se movieron con el apoyo de las rosas y el licor, ayudarán a Ramavayan a acomodar su arraigo. Añadieron: con este poderoso trabajo, enlazamos a Ramavayan con la Tierra, ya que "se encontraba desencajado" (seguramente porque así convenía a los propósitos de nuestra misión). A pesar de la resaca que tuvo nuestro líder al día siguiente, la actividad que efectuamos era necesaria para seguirnos integrando y recuperando.