Los seres humanos nos protejemos con máscaras de soberbia que impiden que mostremos nuestro verdadero ser
CDMX, 21/4/2010. Por estos días nos dieron un aviso que nos sacudió como grupo: yo (Sharover) me sentía muy mal, culpable, como si hubera hecho algo muy malo. Nos sentíamos confundidos y le pregunté a Ramavayan: ¿acaso te traicioné en cuarta dimensión? Y nuestros Guías Espirituales confirmaron que así fue; habiendo ingresado al armagedón, salí huyendo cobardemente cuando estábamos atacando al maligno*. Por estos días me sentía pésimo, y fue cuando decidí apoyar a la segunda etapa de este cometido dedicándome a acompañar a nuestro líder, yendo con él a donde nos dijeran y limpiando mis emociones basura en todo momento, aportando lo que fuese necesario para lograr nuestros objetivos; estos esfuerzos (que puedes revisar aquí, en nuestro portal, a partir del 2009), nos conducirían al magno evento del día sublime universal —que transformó nuestra realidad para siempre.
También por estas fechas también separaron a Oleg de Olama de nuestro grupo (para que no nos estuviera distrayendo); se lo llevaron a Chiapas —a cientos de kilómetros de nosotros— para que él siguiera su proceso solo; sin embargo, nos llamó y preguntó: ¿qué pasa con nuestro grupo? ¿por qué me estoy sintiendo tan triste?; Ramavayan le contestó: es que me dijeron que Sharover nos traicionó en el momento de la batalla final —y añadió con tono dramático: todos me traicionan... ya sólo falta que Dios me traicione (y en ese momento le manifestaron enfáticos: Dios nunca traiciona).
Yo me sentía muy triste y sabía que tenía que purificarme y resarcir el daño que había producido en otros planos. Por supuesto que aquí, en esta vida y en tercera dimensión, he sido una persona de luz dedicada a hacer el bien (en un buen porcentaje), pero comencé a analizar mi interior y me di cuenta que traía energías inconscientes negativas, algunas muy malas, y quería limpiarlas, liberarme de ellas de una vez por todas; entonces pregunté a los Maestros (a través del canal de comunicación de Ramavayan): ¿qué porcentaje de mi cometido he cumplido y cuánto he fallado?; mencionaron que había satisfecho un ochenta por ciento; pero que había fallado un veinte por ciento (lo cual me hizo sentir un poco menos mal, aunque de inmediato me comprometí a apoyar a nuestro líder la mayor parte del tiempo posible, para ayudarlo en sus propósitos).
Nos encontrábamos reunidos, percibiendo muchas cargas negativas en nuestro interior, cuando nuestro líder reclamó a Dios: ¿cuándo me vas a dar toda la riqueza que acordamos antes de venir a esta cloaca? (recursos económicos para ayudar a los demás, Opulencia Divina, mucho amor para mí y mis compañeros). En ese momento nuestro Maestro Jesús el Cristo intervino: pidan lo que quieran una vez que aprendan a dar sin esperar nada a cambio...
Estas palabras fueron un balde de agua fría para nosotros, nos pegaron en el ego. ¿Dar sin esperar a cambio, jajajaja, después de todo lo que hemos hecho en tantas vidas, quieren eso?. —comentó Ramavayan entre nervioso y molesto—; ¡fue más fácil vencer al anticristo! —ironizó. Tratamos de reír, pero la verdad, nos sentíamos dolidos —yo por lo de mi cobardía, y él porque le estaban haciendo ver que era egoísta e interesado.
Volvimos a preguntar, tratando de entender qué era eso de dar sin esperar a cambio: Maestro Jesús el Cristo, ¿cuántas personas en nuestro mundo "dan sin esperar nada a cambio" en estos momentos? —inquirí. Su respuesta fue: nadie, ni una sola persona en su mundo sabe realmente dar sin esperar a cambio; siempre —en el fondo de sus corazones—, todos Ustedes dan esperando un beneficio; por lo que, con sus divinas palabras, nos sentíamos aún más lastimados, dolidos en nuestro ego.
Este golpe a nuestra soberbia duraría el suficiente para comprometernos a efectuar todas las purificaciones que nos irían pidiendo; fuimos a que nuestro líder purificara varios centros de poder y lugares importantes de nuestro México.
Queridos lectores: reconociendo que fuimos contaminados por la maldad, les invito a liberar sus energías indeseadas con la técnica que me dieron para alcanzar la liberación, cuya práctica logrará que todos los seres humanos logremos vivir en armonía. "Dar sin esperar recibir nada a cambio" es lo que dicta el Orden Divino.